¿A qué se parece el Trabajo de Fin de Grado, a un puzzle o a una novela policíaca?

Era mi primera estancia postdoctoral en EEUU. Yo estaba fascinada. Tenía la inmensa suerte de asistir a varios cursos de economía y econometría en Berkeley, universidad que alberga a gente top como David Romer, Mc Fadden, Obstfeld, Akerloff, Yellen, Christina Romer, por aquel entonces Paul Romer (que no es pariente de los otros Romer), y un largo etcétera. Mis compañeros de clase, hoy destacados economistas que publican  en las mejores revistas, o son gestores avezados (Giovanni Peri, Chang-Tai Hsieh o Pablo Vázquez, entre un largo etcétera) ya apuntaban maneras, y sus preguntas y debates con los profesores eran una delicia, que se combinaba con la belleza del campus y de la Bahía de San Francisco para generar una experiencia fantástica. Había que estudiar muchíiiiiisimas horas para no perderse y llevar al día los horribles problem sets, pero merecía la pena.

Asistía a las clases de Macroeconomía de David Romer, magnífico docente, accesible, simpático y encantador. Recuerdo que todo el tiempo insistía en que nuestro deber como alumnos era hacer buenas preguntas, y el suyo responderlas. Usábamos su ahora universalmente famoso manual, que por aquel entonces era un cuaderno de hojas impresas sujetas con un gusanillo; yo, como muchos de mis compañeros, detecté un par de erratas y se lo indiqué, fue mi aportación inconmensurable a la ciencia, de la que me sentí muy orgullosa.

En aquel entonces estaba buscando una línea de investigación en la que trabajar. Un buen día me até la manta a la cabeza y fui a ver a David Romer en sus office hours. Tenía un par de posibles temas en la cabeza, y se los comenté. Nunca olvidaré su respuesta, contundente pero exquisitamente educada: para investigar no hay que identificar temas, sino plantearse preguntas.

En estos momentos muchos alumnos españoles de últimos cursos de carrera (palabra que ya se va quedando antigua y es reemplazada por la más moderna de grado) se enfrentan a uno de los últimos y, quizá, más temidos retos: el Trabajo de Fin de Grado o TFG.

El TFG es relativamente moderno en la universidad española, y se implantó a raíz de los cambios inducidos por la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior, vulgarmente conocido como Bolonia. De ahí que todavía los profesores universitarios dispongamos todavía de bastante capacidad de mejora a la hora de supervisarlos. Sobre todo, pienso que deberíamos explicar mucho mejor a los alumnos en qué consiste, y en qué no consiste.

Precisamente porque pienso que no lo hemos explicado como debíamos, escribo estas líneas con la esperanza de proporcionar algunas luces que ayuden a nuestros estudiantes en el proceloso mundo de la elaboración del TFG, fundamentalmente en economía u otras ciencias sociales. Son aplicables también, en cierto modo, a otros tipos de trabajos de investigación (tesinas, trabajos de fin de master, tesis, artículos…) y, tal vez, de otras disciplinas.

Es preciso hacer un poco de historia para centrar el problema. Aunque vamos cambiando lentamente en esto, merced a Bolonia, en buena parte de las asignaturas que se imparten en nuestros campus explicamos de un modo que me atrevería a definir como germánico-cartesiano. Para explicar política monetaria, por ejemplo, inconscientemente seguimos un esquema de esta índole: introducción, concepto, tipos, objetivos, instrumentos, consecuencias, críticas… Es un método razonable que ha dado buenos resultados. Sin embargo, cuando uno cruza el charco y tiene la suerte de asistir a clase en una buena universidad americana, se da cuenta de que allí son mucho más inductivos: transmiten una idea o concepto hilando un argumento a partir de una pregunta, un ejemplo o una tabla de datos. ¿Cuál es la diferencia entre ambos procedimientos? El primero está más orientado a desarrollar la capacidad de síntesis, mientas que el segundo se centra en la capacidad de análisis. Y lo que hace falta para realizar un buen TFG es, precisamente, esta última, menos cultivada en las universidades españolas.

La Guía de Estudio del TFG en la Facultad de Económicas de la UNED lo define así

El TFG (…) supone la realización por parte del estudiante y de forma individual de un proyecto, memoria o estudio original, bajo la supervisión de uno o más directores, en el que se integren y desarrollen los contenidos formativos recibidos, capacidades, y habilidades adquiridas durante el (…) Grado. El TFG deberá estar orientado a la aplicación de las competencias genéricas asociadas a la titulación, a capacitar para la búsqueda, gestión, organización e interpretación de datos relevantes, para emitir juicios que incluyan una reflexión sobre temas relevantes (…), y que facilite el desarrollo de un pensamiento y juicio crítico, lógico y creativo.

Esta definición, que en una primera lectura puede parecer un tanto críptica, presenta matices importantes: habla de un trabajo original, de interpretar datos, de emitir juicios, de reflexionar y desarrollar un pensamiento creativo.

Intentemos una aproximación a estas ideas por medio de un par de metáforas. A mi modo de ver, cualquier trabajo de investigación, ya sea a escala incipiente como un TFG, o de mayor envergadura, como una tesis, se parece mucho más a una novela policíaca que a un puzzle. El problema es que muchos de nuestros alumnos lo entienden como lo segundo y no como lo primero.

Algunos alumnos (insisto, en buena parte por culpa de los profesores, que no hemos sabido enseñarles) toman los conocimientos obtenidos durante la carrera, los dividen en trocitos, e intentan combinarlos de modo que encajen con una cierta coherencia. Si hago un TFG en política monetaria en la zona euro, por ejemplo, meto unas páginas de datos macroeconómicos de los países implicados, otras sobre la historia y los objetivos del BCE, a continuación explico la crisis de 2007-2008, añado la exposición de las políticas que ha seguido el BCE en el periodo (preferiblemente con el modelo IS-LM), completo con lo que se ha realizado en el terreno fiscal… y cierro el puzzle con una conclusión. Es un gran trabajo como resumen ordenado de parte de lo que he aprendido en la carrera, pero no es un TFG. No es original, no es creativo, y posiblemente no aporte muchas interpretaciones y juicios (aunque solo sea porque tratar todo lo anterior consume prácticamente el 100% del espacio disponible)

Para el TFG, uno tiene que partir de una pregunta que, volviendo a nuestras metáforas, equivaldría a preguntarse quién es el asesino de una rubia despampanante que aparece en la biblioteca de una casa de campo inglesa durante un fin de semana. La pregunta que, en este caso, debe resolver Poirot (lo siento, soy  una entusiasta de A. Christie), Saga Norén (la de “El puente”), Jack Bauer, Carrie Mathieson,  Wallander, Grissom, Bosch, Sherlock Holmes, el Inspector Rebus o cualquiera de sus detectives favoritos es obvia: ¿quién mató a la rubia? Si la rubia muerta en la biblioteca constituye un ejemplo muy trillado, pensemos en otras posibilidades: desfalco de dinero en una empresa, filtración de documentos sensibles a la prensa, posible atentado yihadista, sospechas sobre la existencia de un topo en la CIA, MI6 o CNI, trama de corrupción urbanística…

En el caso del TFG es la pregunta es menos obvia, pero absolutamente crucial. Al ser menos evidente, da más juego a la creatividad de los estudiantes, pero también presenta el riesgo de plantearse de forma incorrecta. En todo caso, es  fundamental que se formule, y que sea clara, concisa y abarcable en la extensión limitada de un TFG. Yo diría que el 70% del éxito del TFG está asociado a plantearse una pregunta correcta.

Y no sería acertada como punto de partida la pregunta “¿Cuál ha sido la conducta del BCE durante la crisis?” no ya para un TFG, sino tampoco para una tesis doctoral, porque su respuesta requeriría varios cientos de investigadores trabajando a tiempo completo durante mínimo tres años (es decir, una especie de Bletchey Park, con Alan Turing a la cabeza descifrando Enigma). Sí se acerca más a lo que debe ser, en cambio, la siguiente: “¿Incidió la política monetaria del BCE en la burbuja inmobiliaria en Irlanda, Grecia y España en los años 2004-2006?”. Nótese que al acotar tiempo y espacio he delimitado mucho más claramente mi pregunta, y el reto de contestarla es bastante más asequible.

¿Cuál es el siguiente paso? Buscar pistas y testigos, tirar del hilo hasta que desenredo la madeja. ¿Cómo? mediante datos (pistas) y bibliografía (testigos). Poirot mira el escenario del crimen en busca de huellas dactilares, restos de colillas, huellas de pisadas o, si el entorno es más moderno, posibles restos de ADN del malvado asesino. En el TFG me voy a los datos, los recopilo con cuidado, como se hace con las pistas, e intento entender lo que me queren decir. Pero su análisis no es un fin en sí mismo, como tampoco lo es el análisis de una colilla. Su estudio debe permitirme extraer conclusiones que me acerquen al asesino. Por eso no se trata de rellenar páginas con gráficos y tablas, sino de reflejar solo aquellos que son importantes para encontrar al asesino, explicando el porqué de su  relevancia: este dato me indica que el asesino es rubio, este otro que calza un 49, el de más allá (restos de una aspirina) que quizá tenía dolor de cabeza (o quizá no, porque la aspirina podría ser de la rubia…). Y lo que no me ayude a encontrar al criminal es superfluo. Lo descarto, desgraciadamente, por muy bonitos que hayan salido los correspondientes gráficos en excel.

A continuación comienzo a llamar a los testigos: los anfitriones, el mayordomo, el chófer, el resto de los invitados… Evidentemente no puedo entrevistar a toda la población que vive  en un radio de 100 km a la redonda, como tampoco puedo pretender incluir en el TFG referencias a todos los libros de economía que he estudiado en la carrera. Tendré que usar los más próximos a lo que nos interesa, por fecha de publicación o tema. Volviendo al ejemplo anterior, aquellos artículos o informes (mucho mejor que libros) publicados en los últimos 5 años que tratan sobre la burbuja inmobiliaria o sobre los países en cuestión. Y si encuentro uno que trata precisamente sobre “¿Incidió la política monetaria del BCE en la burbuja inmobiliaria en Portugal, Grecia y España en los años previos a la crisis?” mala suerte, vuelvo a la casilla cero porque el tema está analizado, y este asesino descubierto. Habrá que cambiar el enfoque o reformular la pregunta. Hace 30 años buscar bibliografía era una tortura; hoy, mediante Google académico, es muchísimo más sencillo.

Una vez en su poder las pistas y las declaraciones de los testigos, Poirot se sienta cómodamente con una taza de chocolate caliente (como es belga odia el te) y reflexiona. Utiliza su materia gris. Piensa cómo el material conocido le acerca al conocimiento del asesino, y cuál fue el móvil del crimen. Esto, a su vez, le suscita miles de preguntas. ¿Por qué no ladró el perro esa noche? ¿Por qué Lady Bracknell se retiró pronto a sus aposentos aduciendo que estaba indispuesta? ¿Por qué un testigo recuerda haber oído el motor de un coche muy potente a las 2 de la mañana? ¿Por qué cambió el turno de trabajo la segunda doncella? Y va tirando del hilo hasta que voilá! aparece nuestro hombre.

En el contexto del TFG, yo reflexiono sobre los datos y las conclusiones extraídas de la lectura de la bibliografía, y elaboro una respuesta convincente a mi pregunta de partida. Puesto que debo convencer no sólo a los lectores de la novela sino también al juez, para lo cual necesito evidencia, deberé apoyar mis argumentos en un terreno lo más sólido posible. Y ese terreno son las pistas y los testigos, es decir, los datos y la bibliografía, que deberé enlazar convenientemente con el argumento que voy desarrollando, de modo que sirvan de apoyo a mi razonamiento.

Y al final, en la conclusión, explico brevemente qué he descubierto en este proceso detectivesco-investigador, resumido en: el asesino es John Hyde, que mató a la rubia por despecho administrándole cianuro, llegó en un Maserati a las dos de la mañana, y entró en la casa con la complicidad de Lady Bracknell, su amante, y la segunda doncella, prima del chófer de Hyde. O bien, que el BCE, al practicar una política de tipos excesivamente bajos, perjudicó a aquellos países que, en virtud de la regla de Taylor, hubieran precisado tipos mucho más elevados: el BCE contribuyó a la burbuja en los países mencionados (o no)

Una sugerencia más. Se aconseja  usar prosa clara, concisa y gramaticalmente correcta. En un congreso, hace muchos años, el editor de una revista me dio un consejo que guardo como oro en paño: al escribir, sujeto, verbo y predicado. Y a ser posible, el predicado estará compuesto de complemento directo, indirecto y circunstancial, por este orden. No se trata de un concurso literario o de unos juegos florales sino de un trabajo de investigación. Debo ser aséptico, por lo que usaré pocos adjetivos. Frases cortas, párrafos breves, enlaces lógicos entre uno y otro: por tanto, no obstante, además… cuando sean necesarios para entender si la frase B es consecuencia de A, le contradice aparentemente o le apoya.

Hasta aquí algunas reflexiones que espero sean de utilidad. Seguro que con la ayuda y comentarios de los lectores salen muchos más puntos y precisiones que puedan ayudar a los que se enfrentan a la dura, pero apasionante, tarea investigadora.

 

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4 Responses to ¿A qué se parece el Trabajo de Fin de Grado, a un puzzle o a una novela policíaca?

  1. Teresa says:

    Estoy bastante de acuerdo con el post. Me ha gustado. Los estudiantes a veces no sabemos por dónde tirar en esto del TFG. Yo siempre lo he visto más como un puzzle que como una novela, la verdad.

    Liked by 1 person

  2. Francisco Negrete says:

    Yo me he encontrado con el dilema del alcance del TFG. ¿hasta dónde abarcar en el análisis de investigación?. Por un lado, abarcar mucho complica el desarrollo del TFG cuando se nos indica que está acotado en páginas y palabras. Por otro, ser ambicioso permite ampliar conocimientos profundizando con esta oportunidad. Es una balanza donde, además del propio criterio del que realiza el trabajo, es clave el rol de tutor para ayudar a delimitar el alcance.

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  3. Blanca Sanchez-Robles says:

    Gracias por tu comentario. Esto también les pasa a algunos durante la tesis: quieren agotar el tema y se agotan ellos.

    El fin del TFG no es que adquieras conocimientos, sino que aprendas:
    ” la búsqueda, gestión, organización e interpretación de datos relevantes, para emitir juicios que incluyan una reflexión sobre temas relevantes”, (…), y que desarrolles un pensamiento y juicio crítico, lógico y creativo”.

    Los conocimientos básicos se han adquirido en la carrera, y de todo lo que no se ha aprendido (que es prácticamente el infinito) algo se irá conociendo durante el resto de la vida, o mediante un master, doctorado… El buen profesional nunca para de aprender. Ricardo de la Cierva leía 6 libros a la vez. Acuérdate de Sócrates y su “solo sé que no sé nada”.

    Aquí se trata de sentar las bases de la investigación, la argumentación y el análisis.

    Por otra parte, en un artículo ya “profesional”, de un investigador consagrado, lo que se espera normalmente es que haga una pequeña contribución a la ciencia. Hay genios que con sus artículos provocan revoluciones, pero no es lo habitual. La ciencia avanza muy poco a poco.

    De todas formas, esto pasa en todos los campos. Te toca llevar un concurso de acreedores. ¿Hasta donde llegas en tu exploración de documentos de la empresa? ¿Cuánta jurisprudencia debes leer? ¿Cuántos números? No es trivial, habrá que ver caso por caso, enfocándolo con sentido común y sentido práctico.

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  4. Blanca Sanchez-Robles says:

    Quería añadir una consideración más. Una cosa es lo que se escribe en el TFG (un número de páginas tasado por cada universidad) y otra lo que el autor lee y aprende. Lo segundo excede con mucho a lo primero. Pero no todo lo que se ha leído puede o debe plasmarse en el TFG: sólo lo que ayude a hilvanar y consolidar nuestros argumentos.
    Un artículo en una revista de economía, por lo general, no pasa de 20-25 páginas, normalmente. Y puede incluir, en media, unas 50 referencias a otros papers, por lo que el autor del primer artículo habrá leído 50 x 20= 1000 páginas! o más para realizar su estudio.
    Por supuesto que se aprende, y mucho, investigando. Pero los científicos, como casi todos, tienen poco tiempo y, para estar al corriente de las publicaciones más importantes, que son muchas, quieren que se les sintetice los avances que realizan otros en una extensión asequible. En cuanto al tiempo, un buen artículo en economía puede llevar uno, dos, tres o incluso más años de trabajo a un ritmo intenso. Eso supone muchísimas horas de estudio y aprendizaje.
    En conclusión, hay que distinguir el desarrollo de la investigación de lo que finalmente se plasma en el trabajo, ya sea TFG, tesis, artículo… que es un extracto de lo primero.

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