¿Nos acecha el proteccionismo?

Todos debemos estar continuamente en modo aprendizaje. Nunca sabes quién o qué circunstancia te va a enseñar lo siguiente. Y esto es especialmente aplicable a los profesores en relación con los alumnos.

Esta semana un alumno comentaba lo siguiente en un foro:

Se afirma que se han logrado abortar los brotes de proteccionismo a raiz de la gran recesión, pero la verdad que (…), basta con ver las noticias cualquier día (Brexit, Trump, auge de los populismos, etc.) para ver que la “amenaza” del proteccionismo no ha quedado atrás.

El comentario es muy acertado, y da que pensar. ¿Está creciendo o menguando el proteccionismo?

Como casi siempre en economía, es imposible proporcionar una respuesta unívoca. Lo más conveniente es el recurso al “depende” gallego.

Veamos algunas cifras. Tanto el comercio internacional como la inversión directa externa se expansionaron con fuerza durante la primera década del siglo XXI. Según datos de la UNCTAD, el comercio en bienes y servicios creció de 16 a 37 trillones (americanos) de dólares entre los años 2000 y 2010. Otro indicador muy usado para hablar de comercio internacional, la ratio comercio mundial/PIB, aumentó asimismo del 48% al 58% en el periodo citado. Y el stock global de inversión directa pasó de 7,5 trillones de dólares en 2000 a 19 en 2010;  en paralelo, su participación en el PIB global subió del 23% al 31% en el decenio mencionado.

Ahora bien, no es menos cierto que, si tomamos las importaciones como indicador del comercio mundial, observamos que, en términos nominales, no crecen entre los años 2011-2014 e incluso disminuyen en 2015. En términos reales, en cambio, experimentan un aumento, aunque ligero, lo cual es insólito y no ha ocurrido en las últimas décadas más que en momentos de recesión.

Este comportamiento de las importaciones, que todavía no acabamos de comprender a fondo, puede deberse a razones variadas: una de ellas es la caída en los precios de las materias primas, en lo que respecta a las variables nominales. También parece haber influido un cambio en la gestión de la cadena de suministro por parte de las empresas; hace unos años presenciamos una fuerte tendencia a su localización en diferentes países, lo que automáticamente generaba un aumento en el comercio mundial. Veámoslo con un ejemplo: si la elaboración de un producto de una empresa radicada en A se descompone en etapas que se sitúan en distintos países B, C y D, se genera un aumento del comercio de materias primas, bienes intermedios y productos terminados entre A, B, C y D. Incidentalmente, esto es lo que se denomina inversión externa vertical. Si esta práctica disminuye, también lo hace el comercio internacional.

Finalmente, existe otra razón: China (como está ocurriendo últimamente casi siempre en economía, detrás de muchos acontecimientos se encuentra el gigante asiático). China está reemplazando gran parte de sus importaciones (que muchas de ellas eran reexportadas posteriormente) por producción doméstica, sobre todo en los ámbitos de la industria y la minería.

¿Y qué ocurre en el ámbito de las relaciones formales entre países? Pregunta no baladí, y especialmente pertinente esta semana, en la que España ha recibido la primera visita de un Jefe de Estado argentino en 9 años.

En las últimas décadas hemos asistido a un incremento de la firma de acuerdos y de la creación de bloques comerciales entre países, lo que se ha traducido en una reducción tanto de aranceles como de barreras no arancelarias. Se han rubricado importantes acuerdos multilaterales, como el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) o el CETA, entre UE y Canadá, que se firmó el pasado 15 de febrero tras largos años de negociaciones.

También en América Latina ha crecido la integración comercial. A principios de los 90 se firmó el acuerdo ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración) que consta de 13 miembros (la practica totalidad de América del Sur más México). Han proliferado, asimismo, los acuerdos bilaterales entre países. Se calcula que el arancel medio, alrededor de un 69% antes de 1990, descendió de modo espectacular al 13% en 1995.  

En el último año, no obstante, el escenario ha cambiado radicalmente. El 23 de junio de 2016 Reino Unido dijo sí al Brexit por un exiguo margen. A mi modo de ver, esto no quiere decir que los británicos estén a favor del proteccionismo, ni mucho menos. Buena parte de las mejores cabezas de la época, como Ricardo o Adam Smith, se dedicaron a explicar sus bondades ya en el s. XVIII-XIX, y el inmenso desarrollo económico que experimentó el país en el s. XIX está muy vinculado al comercio con sus colonias. Esto lo sabe todo el mundo, desde Napoleón (que decía desdeñosamente que Inglaterra era un país de tenderos) hasta el último habitante de un pueblo perdido de las Highlands, que compra vino de Rioja en Tesco cuando va a hacer la compra. En el referéndum, paradójicamente, el voto no tuvo que ver con el comercio internacional sino con la inmigración y la soberanía frente a Bruselas (aunque, más tarde, los británicos hayan comprobado que un efecto colateral perverso será de facto la pérdida del acceso al Mercado Único.  Pero sobre Brexit hablaremos con más detalle en otros post (de hecho, ya hemos comenzado aquí)

Trump es un enigma para todos. Ha vendido proteccionismo en su campaña, y ha empezado a ponerlo en práctica anunciando rápidamente la salida del TTP y la ruptura de negociaciones con la UE para un acuerdo similar. Honradamente, sin embargo, creo que el proteccionismo en EEUU va a durar lo que un caramelo a la puerta de un colegio. Tanto las empresas como el ciudadano de a pie poco van a tardar en darse cuenta de que les perjudica enormemente. Además, EEUU cuenta con magníficos economistas, que transmitirán esta idea por tierra, mar y aire.

Y, finalmente, ha ocurrido otro acontecimiento relevante para el comercio mundial: Argentina ha elegido como Presidente a Macri, al que le ha faltado tiempo, con buen criterio,  para expulsar a Venezuela de Mercosur (introducida por la puerta de atrás por Cristina Kirchner), mandando así una señal inequívoca de su alergia a los populismos y sus consecuencias: en los últimos años, Mercosur se había convertido en una especie de ONG-viva la gente-cuanto nos queremos, pero sin avanzar ni un ápice en la liberalización comercial entre sus miembros, gracias a la magnífica gestión anti libre comercio de los gobiernos de Argentina y Brasil.

En conclusión, es posible e incluso probable que veamos algunos años de pérdida de agilidad en el comercio mundial, pero yo no creo en una vuelta generalizada al proteccionismo. Si ese fuera el caso, significaría que no hemos aprendido nada desde Colbert y los mercantilistas franceses de los siglos XVII y XVIII. Y esto, la verdad, me cuesta creerlo.

 

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6 Responses to ¿Nos acecha el proteccionismo?

  1. Ed George says:

    Yo no veo ningún movimiento hacia el proteccionismo al nivel de la política del estado en el Reino Unido y los EEUU. De hecho, las negociaciones sobre el Brexit entre el Reino Unido y la EU se asientan en el lado Británico precisamente en intentar a conseguir el máximo nivel de exposición al mercado europeo (si bien los Británicos no encuentran mucho réplica europea). Los fenómenos de Brexit y Tremp son mucho más expresiones de una xenofobia popular y tiene poco que ver con cuestiones de economía (ni tampoco con la soberanía nacional en mi opinión). Los cambios de los patrones del comercio internacional, como dices, tienen otras causas.

    Pero hay que decir además de esto que la disyuntiva entre la retórica política y la política del estado también se ha manifestado históricamente en el hecho de que los paladines del libre comercio de hoy día (El Reino Unido, los EEUU, Alemania, Japón), países que a través de las instituciones que contralan (Banco Mundial, OMC, FMI) impone el comercio libre al mundo entero, solo llegaron a esta postura después de décadas de un proceso de fortalecerse hecho posible solo gracias al escudo de proteccionismo.

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  2. Me permito contradecirle: Mercosur sí avanzó en la liberalización comercial entre sus miembros; en lo que no avanzó e incluso impuso “aranceles educadores” es en el comercio con áreas ajenas a Mercosur para proteger sus productos. Ya sabemos que quien exporta productos primarios ve como sus precios bajan y quien exporta manufacturas ve cómo suben con el tiempo. Por eso en la Europa industrializada no nos gusta que países en vías de desarrollo no nos dejen venderles libremente.

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  3. Estimado Benito, muchas gracias por su comentario. Efectivamente, un rasgo de algunos procesos de integración comercial es que suelen imponer aranceles (comunes, generalmente) a los productos de fuera, por lo que a veces el resultado es un descenso del proteccionismo entre los miembros del acuerdo y un aumento frente a los demás.
    En el caso concreto de Mercosur y la UE, la solución win win para ambos, en mi opinión, sería firmar un acuerdo de libre o cuasi libre comercio. El acuerdo lleva dando vueltas por los despachos muchos años, quizá con Macri se materialice.
    Respecto a los precios… no sé si estoy muy de acuerdo. Esa era la tesis q defendía en los 50s y 60s del s XX la CEPAL, pero la evidencia empírica no la ha confirmado con contundencia. Por una parte, la distinción “países en desarrollo exportan materias primas, Europa exporta manufacturas” no está ya tan clara. En particular, las exportaciones de manufacturas de los países en desarrollo, incluída Latam, han crecido sustancialmente en las últimas décadas. Por otra parte, ha aparecido un fenómeno nuevo, y es que las manufacturas europeas se enfrentan a una competencia muy fuerte debido a la irrupción en los mercados de China y otros países con costes laborales bajos.

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  4. Muy buen análisis. La invito a visitar mi blog y compartir opiniones.

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